Por: Hugo Rangel Vargas
Lo ha dicho bien Ricardo Anaya en uno de sus spots: esta no es una elección en la que compitan dos personas; compiten dos proyectos, dos visiones de país, dos alternativas posibles hacia el futuro. Concordante con ello, José Antonio Meade ha hecho gala de su capacidad de manejo de la jerga de las tesis económicas neoliberales, se siente cómodo explicándolas, esta convencido de que ese es el rumbo correcto que debe tomar el país, y quizá si este modelo hubiese significado prosperidad para las mayorías, él sería el hombre más indicado para conducir al país.
hubiese significado prosperidad para las mayorías, él sería el hombre más indicado para conducir al país.
Los planteamientos de Andrés Manuel López Obrador en materia económica, si bien son en algunos casos la antítesis del enorme listado de coincidencias que tienen sus opositores sobre el rumbo que debe tomar la economía del país; no significan, sin embargo, la reinvención del país. Dentro de los márgenes del propio régimen capitalista de producción, López Obrador ha sugerido en múltiples ocasiones una serie de variantes que en este momento podrían revitalizar el sistema productivo nacional, sin tocar la cimiente de las relaciones sociales de producción capitalista.
¿Qué propone López Obrador en materia económica?, ¿Abrirá una serie de expropiaciones y nacionalizaciones como se ha dicho?, ¿significará su política económica un retorno al modelo de desarrollo estabilizador de los años 60 y 70?, ¿pretende estatizar la economía? Todos ellos parecen más bien lugares comunes y propaganda, qué a fuerza de repetirlos, se han convertido en realidad.
Con un esquema de comunicación sencillo, y dando el paso al frente en una materia difícil de transmitir a los electores como es la política económica, el equipo de López Obrador ha generado un material de divulgación. El llamado “Pejenomics” ha sido criticado por los eternos detractores del tabasqueño, tachándolo de simplista y esquemático, así como de no tratarse de un planteamiento estructurado de instrumentos y objetivos de política pública.
Sin embargo, el esfuerzo del lopezobradorismo es valioso y ni siquiera un ex Secretario de Hacienda, José Antonio Meade, ha podido presentar un esfuerzo de comunicación en lo que pudiera ser su fortaleza: el manejo de la economía del país.
Pejenomics deja en claro, desde el inicio, la verdadera diferencia que sostiene la visión del equipo de López Obrador con quienes se han asumido como los voceros de “los empresarios” del país. Sin ahondar en una referencia teórica o conceptual basada en Schumpeter, López Obrador desmarca a quienes se han enriquecido “al amparo de la corrupción y el tráfico de influencias”, de quienes son los verdaderos emprendedores y que abundan en el país asumiendo riesgos, innovando y sufriendo las peripecias de un mercado interno cada vez más contraído.
En el atrevido, pero didáctico texto, se abandona el discurso de la “estabilidad macroeconómica a costa de lo que sea” -el cual ha sido el dogma sustantivo de los últimos gobiernos- para lanzarse a la idea del estado como factor impulsor del crecimiento económico. En ese sentido, Pejenomics dice que uno de los grandes objetivos de la política pública en el país será el dejar de favorecer a pocos con el enorme botín que significa el gasto público. Y es que el 71 por ciento de los contratos firmados con los mil proveedores más importantes del gobierno, han sido a través de adjudicación directa.
Algo que quizá lastime a quienes han rendido pleitesía al sistema financiero mexicano y a la política comercial del país, es que López Obrador se ha trazado dos objetivos en cada caso respectivamente: fomentar la diversidad de actores en un sector financiero hiperconcentrado en términos de su oferta y muy temeroso al riesgo de prestar mas allá del financiamiento al consumo; así como, diversificar las exportaciones, excesivamente concentradas en dos o tres subsectores de la economía y con poco efecto multiplicador sobre otras ramas.
Bienvenido Pejenomics y otro acierto para López Obrador, quien seguro sigue levantando cejas entre sus detractores.

